Como artistas, nos escandalizamos cuando escuchamos que alguien intenta imponernos restricciones y condiciones al momento de escribir, pero la verdad es que nosotros mismos nos hemos encargado de tirar por la borda el concepto de libertad creativa bajo pretextos que en ocasiones son inverosímiles.



Seamos honestos, la serie Juego de Tronos nos ha regalado un sinfín de escenas de sexo gratuitas, desnudos que nadie pidió (como los de la prostituta Ros), violaciones, quizás innecesarias y tramas que sobraron (como las del secuestro de los dragones en Mereen).

Una de esas tantas escenas y tramas sobrantes, de acuerdo a lo que observo en redes sociales, es el romance quinceañero entre dos personajes secundarios: Gusano Gris y Missandei. No obstante, hoy voy a desbaratar la idea de que su inclusión sea en vano y a demostrar cómo dos personajes con una participación mínima pueden desarrollarse y madurar a la perfección.

Antes de empezar, aclaro que no es la primera vez que hablo de Juego de Tronos en el blog, pues hace algunos años usé la novela de Martín para tratar las alineaciones éticas y morales de los personajes en nuestras historias.

Missandei y Gusano gris, personajes Juego de Tronos

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