¿Qué tan bueno eres para vender a tus personajes?

Había una vez un mundo fantástico que, por azares del destino, era extrañamente similar a la edad premoderna de nuestra historia. En este mundo fantástico gobernaban dos grandes reinos: el de Eleonor El Justo, reconocido por su nobleza y el de Eleonora La Viuda Negra, famosa por asesinar a sus esposos y por reinar con mano dura.


Ambos le temían a los demonios Caraperro, ya que estos malvados seres devastaban los cultivos y se comían el ganado. Sin embargo, un día, tanto Eleonor como Eleonora decidieron sentarse a negociar con los Caraperro



Después de muchos años comprendieron que los Caraperro no eran tan malos como pensaban, sino que eran seres incomprendidos que buscaban un hogar. Eleonor propuso darles posada y dividirlos en ambos reinos. Aunque la egoista de Eleonora en un principio se opuso, finalmente cedió.

No obstante, los campesinos se sublevaron molestos por la decisión e intentaron infructuosos golpes de estado.

Ante esto, Eleonor, guiado por sus principios de justicia y por una tradición que ordenaba la decapitación de los traidores, terminó con la vida de unos cincuenta aldeanos, entre niños, mujeres y ancianos. El dolor en su corazón fue grande pero debía cumplir con el honor.

Mientras tanto Eleonora, furiosa por lo que su pueblo intentó hacerle y guiada por un deseo de venganza, ordenó la decapitación de cincuenta aldeanos. Cuentan las malas lenguas que esbozó una sonrisa cuando las guillotinas descendieron.

Fin.

Aunque mi fuerte no es la fantasía y este relato es bastante cutre, encontramos ejemplos similares en la narrativa tanto de fantasía como de ficción. Resumo, personajes que se enfrentan a lo que en la actualidad conocemos como dilemas éticos y cuyos desenlaces, para el lector, dependen de la capacidad del autor para vendernos el mundo y la personalidad de sus personajes.

Sí, vendernos. Como escritores debemos ser capaces de guiar a los lectores por dónde deseamos y venderles lo que queremos. No estoy hablando de la suspensión de la incredulidad, me refiero a convencerlos, por medio de semillitas ubicadas con destreza, de que lo que hizo Eleonor está bien mientras que lo que hace Eleonora está mal, aunque sean exactamente los mismos actos.

Las dos reinas decapitaron a aldeanos por traidores. Eleonor pos justicia y tradición; Eleonora por furia y venganza. Sin embargo, el tono con el que describí los hechos generan cierta empatía y hasta comprensión hacia Eleonor y desprecio o desaprobación hacia Eleonora.

Para ejemplificar este artículo veamos una escena de la afamada serie Game of Thrones, cuando Jon Snow sentencia a los traidores. Advierto, hay destripe.



Con seguridad sentiste cierto fresco y satisfacción al ver que se hizo justicia... Lo siento, pero este, desde un punto de vista ajeno a la serie, es un acto grotesco e inhumano, solo que los grandiosos guionistas nos lo han vendido como un acto de justicia y honor. ¡A ahorcado a un crío! ¡Un niño que ha sido influenciado por los adultos a su alrededor y a quienes los salvajes le asesinaron los padres! Incluso, no podemos negarlo, llegamos a sentir más pena por como Jon se siente al hacerlo. Sin decir que se juegan una magistral carta al hacerlo renunciar a su poder como Lord Comandante. ¿No existía el perdón, la misericordia o el exilio? Quizás, pero el escritor nos ha vendido la idea de que esto es lo correcto y la mayoría la aceptamos sin rechistar. 

Ahora veamos el siguiente video, con Jon y Daenerys, luego de la toma a Desembarco:



Un momento, ¿Jon Snow, en el minuto 1:31, hablando de perdonar a los traidores? ¿El mismo Jon que ahorcó a un niño? Alguno podría afirmar que el personaje ha evolucionado o que son las leyes de la Guardia de la Noche y tal, puede ser, pero no podemos obviar que son decisiones personales. Jon podría no haber actuado de esa manera.

No entraré en discusiones sobre si el modo de vendernos a Dae y a Jon en esos últimos capítulos fue el correcto, ya que no es el objetivo de este artículo. Tampoco lo escribí para criticar la moralidad de Jon Snow,  de la cual hablé en este artículo, o para poner en tela de juicio a la serie (ya me desahogué bastante en redes sociales en su momento). No se trata de los personajes, se trata de los escritores y nuestro poder para influenciar al lector por medio de ellos. Aceptémoslo, más que escritores somos magos y les hacemos ver lo que queremos que vean. 

Para concluir, y siendo este el artículo con menos documentación que he escrito en el blog, los personajes no se ganan el afecto o el odio de los lectores por sus actos o por lo que son, se lo ganan porque nosotros, como escritores, lo deseamos así. Piénsalo, las acciones por sí solas son solo eso, acciones. Es la finalidad y el maquillaje que le aplicamos lo que le da poder y profundidad a esas acciones. Nuestra manipulación, en el buen sentido de la palabra, es la que hace que estos sean percibidos de una manera positiva o negativa. 

Y tú, ¿cómo vendes a tus personajes? ¿Crees que tus lectores los comprarían a ojo cerrado?

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