Piper Valca 2020... o lo que queda de él

Es increíble cómo han transcurrido ocho interminables meses desde que publiqué el último artículo del blog. Ese que trataba del mal uso de las violaciones en los medios y que auguraba muchos éxitos y prosperidad para el 2020

¡A quién quiero engañar! Este año ha salido totalmente al contrario de lo que jamás me habría imaginado. Y no hablo de la pandemia por el covid19 ni nada por el estilo. No pienso extenderme demasiado, pues esta entrada esta hecha para recordarle a mis lectores y amigos que no he muerto, no los he olvidado y que espero disculpen el abandono en el que los tengo. 




Bueno, empezaré por el principio...

Me separé... O nos separamos... O me fui de la casa... No lo sé, lo único cierto es que hasta hace más o menos un año cerraba este artículo con la optimista frase:   

PD: la relación ha mejorado mucho y estoy pensando en pedirle a Claudia que nos casemos 😃.

La relación nunca mejoró y obviamente nunca hubo propuesta de matrimonio. Después de 7 u 8 años descubrí que mi pareja era novia del vecino. Sí, llevaban una relación formal de casi un año en la que yo era solo el tercero. ¿Dolió? Por supuesto, pero creo que fue lo mejor para ambos, pues aunque siempre intenté ver el lado positivo de nuestra convivencia de pareja, las cosas nunca anduvieron bien. Y, aunque tuve muchas fallas como esposo, me voy con la conciencia tranquila de que nunca le fui infiel (no sé si esto último sirva de algo pero igual ya lo escribí). 

¿Ahora ven por qué me perdí desde febrero de este año? Hubo separación, llanto, dolor, Juan Esteban de por medio (que ya va para los 8 años), mucho más dolor y en especial humillación y burla. 

Me fui de casa con dos bolsas negras para la basura repletas de ropa y documentos, el escritorio para el computador portátil y una silla. No más, una semana después conseguí una habitación y aquí estoy, escribiendo desde la cama, pues la mesa del portátil es también mesa de monedas, tijeras, geles, cremas, marcadores, talcos y de todo lo que quepa en las orillas. Aunque el cambio ha sido duro, lo verdaderamente traumático ha sido estar lejos de mi hijo. Me duele el alma estar con él solo los fines de semana. Lo extraño demasiado, al punto de que hoy lloré frente a él como un niño, Le confesé que me sentía muy solo y que me hace mucha falta. Lloré mucho como nunca antes lo había hecho y menos ante él. Siempre me he creído su columna y he mantenido buena cara pero me estoy cayendo ante la presión. ¿Cuál presión? 


Con mi pequeño. Ya no tan pequeño
 y qué viejo estoy

La de ella. Además de haber sido infiel, desde entonces se dedicó a restregarme en cara lo mal esposo que fui y a declararme culpable de la hecatombe en nuestra relación. Por todos los medios he tenido que soportar sus ataques, por lo que la he citado a la inspección de policía, pues ya llegó al punto de darme un puño. La verdad, estoy cansado física, emocional y mentalmente. Lo único que me mantiene en pie es el amor hacia Juan y hacia Jehová. Ahí le damos la vuelta a la moneda.

Me bauticé. Después de muchos años como estudiante ahora soy Testigo de Jehová. No me importa si muchos no están de acuerdo con esta religión y dejan de seguirme. Mi fe es la que me mantiene en pie desde la muerte de mi hijo David Santiago. Y, aunque no lo sabían, desde hace 7 años me congrego pero ya he dado el salto. Estoy muy contento y refuerzo mi amor por Jehová y que mi fe está por encima de la escritura, algo de lo que ya he hablado antes en el blog.

En cuanto al trabajo, soy del gremio de la salud y ya se imaginarán cómo son mis días ahora con el covid19. Ha sido A-GO-TA-DOR. Señor, cada día se va haciendo peor que el anterior. Lo interesante del asunto es que el inicio de la pandemia coincidió con el descubrimiento de mi infidelidad y con el agravamiento de mi excuñada durante el parto, por lo que se imaginarán que el tema pasó por debajo de cuerda, aunque ahora que lo analizo fue lo mejor. Cada día hay casos y casos, informes e informes, trabajo y más trabajo, pues no solo del covid19 se vive en salud pública.

Vaya, y dije que no iba a extenderme demasiado...

Estoy asistiendo al psicólogo, mi escoliosis continúa, la relación con mi mamá va despacio y no he vuelto a escribir nada, nada y nada. Antes de la separación había adelantado algo de mi novela sobre saltos en el tiempo pero quedó en veremos como todo. Por ahora siento que debo retomar algunos aspectos, pero que no son prioridad ni espero que lo sean. La venta de los libros va lenta pero segura y el blog se ha mantenido solo, con buenos números en cuanto a visitas. No me imagino cómo sería el tráfico si publicara con regularidad.

En cuanto a mi trabajo como lector de sensibilidad, tuve que abandonar un encargo que se veía muy bueno y que con seguridad me iba a dar excelentes resultados económicos, pues, como raro, también coincidió con la separación. Caramba. Apoyé un artículo sobre el tema y un trabajo de grado de alguien, también sobre el tema. De resto, nada más.

En fin, solo me queda saludarlos, decirles que pueden contar conmigo para lo que necesiten, que los sigo considerando mis amigos y que en redes sociales apenas doy pasitos aislados, nada para comprometerme.

¿Que si volveré a publicar? Lo más seguro es que sí, tengo un artículo en remojo que espero poner el público pero hasta ahí voy por ahora.

Ha sido un inmenso placer y, como decía el lema de Antro Narrativo en sus inicios... ¡Qué vivan los libros!

6 comentarios:

  1. Te mando un abrazo enorme, y espero que las cosas empiecen a mejorar a partir de aquí. Si necesitas charlar o algo, búscame en Twitter.

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    1. Hola Gissel. Tú como siempre😚. Gracias por el comentario y por las palabras de ánimo. Las tendré en cuenta, tenlo por seguro.

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  2. Vaya, Piper, siento mucho lo que te ha ocurrido, y me alegro de que vayas saliendo. Y también me alegra volver a verte por aquí, se te echaba de menos.
    ¡Mucho ánimo y un fuerte abrazo!

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    1. Hola, Luna. También los extrañé mucho. A veces me pregunto cómo estas situaciones logran alejarlo de los amigos y de las cosas que hacen bien a la mente y al cuerpo. Sé que en algún momento retomaré la escritura, solo debo enfocarme en los aspectos positivos de mi nueva vida y mi personalidad. Aunque no te leí mucho en este tiempo, te vi activa en redes sociales, donde de vez en cuando echo un ojo. Bendiciones Luna y qué ha sido de tu vida. Cómo va el trabajo

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  3. Wow, Piper.
    Algo tenía que haberte pasado para que estuvieras tan ausente. Pero esto supera cualquier causa imaginada.
    Te envío un gran abrazo y mucho ánimo para que te mantengas en las sendas constructivas. Los otros caminos no interesan: no se puede vivir de escombros ni de rencores.
    Y tiempo al tiempo: seguro que volverás a escribir.

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    1. Hola, mi querido Ferdinand. Pues sí, ya lo ves. Este ha sido mi 2020. Como bien dices, no se puede vivir de escombros ni de rencores. Muy sabio, por cierto.

      Poco a poco voy retomando mi vida, aunque nada volverá a ser como antes. De eso estoy seguro.

      Cuídate mucho, mi amigo y bendiciones

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